Lo que me da la gana
Jardín de Rosas Azules.
Puedo observar lo mojado de las hojas y sin abrir mi ventana huelo a tierra empapada y a musgo recién hecho.
Es una tarde de Abril y las nubes sucias tapan al Sol dejando todo en un espacio habitado por el color gris.
Sentado en un sillón de cuero marrón oscuro, tapado con una manta hecha a ganchillo por mi abuela de colores cálidos para protegerme del ligero frío que hace. Tazón de leche caliente con miel y un paquete de galletas.
No se ve más que naturaleza por mi ventana, me encanta sentarme frente ella y mirar todo aquello que no puedo tocar y pensar en las cosas bonitas o a veces de temas tristes que me suceden.
Me encanta pensar en todo lo que se me ocurra y después convertirlo en palabras…
Y ahora que estoy aquí sentado frente a mi lugar favorito en el mundo ya que es el único en donde puedo estar solo verdaderamente…me vienen muchas cosas a la cabeza.
Todo empezó como todas las historias de amor, amistad, entre carcajadas miradas intensas las cuales hicieron que sintiéramos algo más que una amistad.
Me encantaba verla después de clase y quedarme charlando con ella de cosas típicas y otras no tan típicas. Le hablaba de lo bonito que me hacía ver el mundo cuando estaba a su lado y me gustaba pintar rosas azules en su mano y de esa manera me aseguraba que cuando llegase a casa pensaría en mí.
Ella se dedicaba a marcar los robles con nuestros nombres y corazones. Ella decía que le gustaría que esos árboles vivieran toda la vida y que mientras esos árboles siguieran vivos nuestro amor de la misma manera seguiría, vivo.
Me acuerdo que me vendo los ojos con una cinta negra con mucho cuidado, me dio un beso en la mejilla, cogía mi mano y cada paso que dábamos más cálido era el ambiente. Ella mientras me llevaba hacía esa sorpresa misteriosa su voz producía una risa preciosa, como si de una niña pequeña se tratara. Por último me quito la venda y aquello estaba repleto de colores llenos de fuego, pétalos de rosas azules y un aroma que te hacía volar alrededor del mundo.
Nos encantaba sentarnos en las llanuras de los parques llenos de naranjizas hojas de otoño, comer manzanas del árbol prohibido y después mirando hacia el cielo decir las distintas formas que tenían las esponjosas nubes.
¡Jajajaja!, ella siempre veía cosas extrañas como coches de carreras o patos…yo en cambio nunca veía nada, por ello me gustaba tanto estar con ella porque su imaginación llenaba a la mia , ella hacía que yo tuviera sueños, ella hacía que viera cacahuetes en forma de patos.
Recuerdo que su perfume olía a flor fresca y el azabache de su pelo era el más brillante de todos. Recuerdo cada parte de su cuerpo y aun siento que su calor me abraza.
A veces por las noche escucho sus “te quiero” me levanto corriendo a decirle que yo también, pero cuando abro mis ojos ya no está…
Los recuerdos son mi peor enemigo, por muy bonitos que sean duelen como o más que cien cuchillos clavándose por todo tu cuerpo. Los recuerdos hoy son los que me están matando…
Era todo tan perfecto que tuvo que acabarse porque lo perfecto nunca ha existido y el día que exista tu volverás a mi lado e iremos al río, a la playa…a nuestro jardín de rosas azules.
Sucios

Cucarachas que no merecen ni beber del agua que cae del cielo.Ratas que en cuanto se ven acorraladas salen huyendo hacia sus escondites,insensatos que piensan que el mundo lo domina el mas fuerte.Cobardes que en manadas acorralan a una sola victima.Hienas,muertas por dominar en el terreno.Personas que son Hommo pero no llegan al Sappiens.
Primates que se creen que se comen el mundo ya que "mandan" en una diminuta zona de este mismo.No tienen ningún enemigo pero son realmente detestados por varias gentes.Tienen el oído de Van Gogh ya que no ceden nada mas que a la masacre en grupo.
Nunca he matado a un hombre pero con mucho gusto y con cara de satisfacción acudiría ha algunos cuantos de sus entierros:)
Óscar Mendoza
Mundo Falso

Bienvenidos a un mundo en el que no exísten los falsos, en el que los amores son perfectos y un número de por medio hace que sea más perfecto aun. Un mundo en el que ya quieres a una persona que conocíste ayer y dentro de un mes será tu mejor amigo. En el que todo el mundo sabe tu estado de ánimo, en el que tu vida esta al alcance de todos y tu privacidad se desnuda en las fotos.
500, 700, 800 amigos, cuanto más mejor, y todos te caen de puta madre.
Bienvenidos a un mundo en el que los que fueron ayer tus enemigos hoy son todo lo contrario, en el que la gente esta más pendiente del malo sin saber que el bueno es el que más te puede hacer daño.
Si, ese mundo en el que los secretos no existen y todo el mundo opina.
Un mundo en el que por la noche los pajaros se convierten en murcielagos y se dejan ver como realmente son.
Bienvenidos a un mundo en el que no sobrevive el más fuerte sino el que más gente tiene.
LaLuna.2
Esta vez la Luna observaba desde lejos y las nubes aun se podían apreciar con un color naranjizo.
¿Jugamos a un juego?, le pregunte.
Se trata de vendarnos los ojos. Sin ver tocarnos, abrazarnos, sentir simplemente sin vernos.
Me quite una de las dos camisetas que llevaba puestas y se la di para que tapara sus ojos. Más tarde me quite la otra de debajo para tapar los míos, quedándome semidesnudo.
Esta noche no era fría, era más bien calidad, y las ventiscas refrescaban.
Estábamos sentados uno enfrente del otro y la oscuridad dificultaba el encontrarse.
Su piel estaba lisa, su pelo rizado y su boca fría. Los abrazos eran verdaderos y los besos apasionados con una pizca de sentimiento. Sentimiento que iba creciendo con cada caricia.
En ese momento sin verla pensé que era la persona más preciosa del mundo, bella y grande. Sin verla veía su boca, sin verla veía sus ojos color caramelo, sin verla sabia como era cada parte de su cuerpo, sin verla la quería más que nunca.
Ella tocaba mi boca con la yema de sus dedos para palparlos. Besaba mi cuello y mordía el borde de mi oreja diestra. Cogí su mano y la pose sobre mi pecho en la parte del corazón y ella segundo después hizo lo mismo. Quería que sintiera mi corazón y en ese momento sin gesticular palabra alguna nos dijimos de todo, todo aquello que jamás no habíamos atrevido a decirnos…
“Te quiero” Eso escribí con letras imaginarias en su espalda descubierta. Respiré su olor, me metí entre su cuello y aspire el dulce aroma de la noche y ella con un “y yo” en mi espalda rompió los esquemas, la concentración de mi exploración por su cuello e hizo que mi boca y la suya se encontraran.
Mientras mi pulgar acariciaba su mejilla izquierda hacía amagos de besos, su nariz acariciaba a la mía. Muy finamente ella tocaba mi cabeza y los pelos se le escurrían entre sus dedos. Veía su sonrisa, si, esa que a pesar de lo negro de mi vista me iluminaba.
Alguna pequeña brisa de verano se colaba entre nuestras caras y es cuando llegaban los escalofríos y se mezclaban los suspiros de gozo con ella.
Habías veces en las que nos reíamos de lo ridículo que resultaba todo aquello, ridículo pero que tanto nos gustaba, que tanto nos hacía sentir.
Yo morboso mordía el labio inferior de su boca, pasaba mi lengua sobre estos y ella repetía más tarde.
Visto, dos personas viéndose frente a frente reflejados en un espejo oscuro donde solo se valía experimentar con todos los sentidos menos con el de la vista, sin trampas, sin reojos que acabaran con el juego.
Me acosté boca arriba sobre la manta blanca que tapaba el suelo y ella se subió arriba de mi.
Un poco fogosa estaba y debo de reconocer que yo también. Le besaba mientras pensaba en quitarnos odas las prendas que cubrían nuestros cuerpos y acoplarnos allí mismo.
Pasaron unos cuantos minutos quizás una hora, no lo sé, cuando me levante, le cogí la mano y la levante. Fue ahí cuando me quite la camiseta que utilizaba como venda para tapar mi mirada y ella hizo lo mismo.
“Que bonita”, dijo al mirar la Luna. Abrazándola por detrás nos quedamos un rato observando a la que nos acompaña siempre por la noches.
Sentados en el borde de la azotea le dije “te echare de menos”, ella me miro a los ojos y yo note que los suyos estaban más brillantes de lo normal, lo típico cuando se está a punto de llorar.
Era una noche de sentimientos fuertes, la última noche en el lugar, como una despedida por así decirlo.
El beso final y un “te quiero” rápidamente prenunciado marcaron el final o el principio.
Luchador

Dificil es sobrevivir cuando tus pies estan llenos de llagas y tus manos despellejadas.
La mayor de las tormentas no es motivo para que mi sonrisa se apague y ni el rápido vuelo de los colibris me ganan en las carreras.
Seguir andando muerto de sed y no esperar ni una gota de agua al final del camino, andar por simple orgullo.
Mis ojos resecos piden estar húmedos pero es algo que no les permito jamás.
Los puñales son cuestion de tiempo y el dolor es psicologico. Para mi no exísten las noches oscuras ni las margaritas bonitas. Tampoco lo autentio ni lo nuevo.
Así no pueda más mi cuerpo me bebere el ultimo chupito de alcohol, así esten mis manos cansadas daré el último portazo y así este mi garganta muda diré la última palabra.
Ni los murcielagos son tan feos y ni los gatitos tan bonitos.
Recordandome siempre ami mismo que las cartas estan pintadas por las dos caras, no siempre hay que fiarse de la mejor dibujada.
GRACIAS.
La Luna.

Ya con solo escribir la primera letra de la historia que veo a contar me estremezco, me sale una sonrisa y a la vez siento nostalgia por todo lo que conlleva la situación. Quizás no deba escribir sobre esto, sobre estos sentimientos prohibidos que me recorre por el disco duro y por aquel órgano que todo lo almacena de alguna forma que es difícil de borrar. Sé que esta historia representa algo bonito pero por su otra parte algo feo.
Un cena sencilla de amigos, la típica en la que no faltan unas cuantas pizzas, acompañadas de unos aperitivos salados, pan con tumaca y para pasar lo sólido una botella de 2 litro de coca-cola.
Es una noche increíble de esas que apetece admirar tanto con la vista como con el tacto de todo el cuerpo. Una pequeña brisa fría invade las calles de aquel barrio tan conocido en la ciudad.
Suben aquellos amigos con unas cuantas mantas a la azotea del edificio donde se encuentra el piso en donde cenaron anteriormente. Suben una botella de agua por si la sed ataca, una cajetilla de cigarros L&M y que no falte el mechero de color rojo.
Aquella noche, esas vistas…lo cálido de debajo de las sabanas y lo frío de las piedras que empapaban por debajo de sus cuerpos. Todo aquello hacía una noche llena de escapatorias, llena de serenidad, el sitio perfecto para pensar, simplemente el sitio perfecto.
Ella estaba ahí a mi lado. El frío le entraba por los pies y enseguida se los tape para que estuviera a gusto, me eche boca arriba a observar el cielo, cuando de repente dice sorprendida,- “Una estrella fugaz, nunca había visto una” y me pregunta,-“¿La has visto?”,- le dije que si, que si que había visto aquella estrella fugaz pero mis ojos no habían visto nada más que cielo negro y unos cuantos puntitos blancos, nada de estrellas fugaces.
“Vamos al centro, que se verá más la luna”, dijo ella unos minutos después…nos desplazamos hasta allí, y era cierto. Jamás había sentido la luz de aquel astro tan cerda de mis ojos, tan cerca de mí.
Nos tapamos con la manta y otra vez aquel dichoso frío en los pies e hice la anterior acción que, tapárselos con la poca manta que yo tenía. Debo reconocer que tenía frío, estaba helado por la espalda y las piernas, pero eso era secundario.
Y allí estábamos los dos, mirando hacía la Luna, aquella imagen jamás se me irá de la cabeza, ¿impactante?, se queda corto…era más que eso, y el gozo de tenerla al lado incrementaba aun más el gusto de aquella imagen, de aquel momento.
Con un poco de picardía me di la vuelta me pose sobre su hombro y le di un besito de cariño. Ella se tapo con la manta hasta arriba y a la vez me tapo a mi…acerco su cara poco a poco a la mía. La tentación me podía, me recorría por todo el cuerpo las ganas de besarla. La tenía entre mis brazos, con la pierna sobre las suyas y el brazo haciendo unas cuantas caricias de esas que tanto le gustan en el suyo.
¿En qué pensaba en ese momento?, la verdad es que en nada…finalmente el acercamiento dio efectividad, era obvio, estaba claro que los dos queríamos aquello, aquello que tampoco olvidare, ese beso.
Después vinieron unos cuantos más, no importaba el frío de aquellas piedras, de la brisa. No importaban los remordimientos de conciencia, no importaba nada…solo ella, solo me importaba ella…
La luna observo una gran escena, la más bonito de las escenas de amor que he protagonizado…
Aquella luna, aquella noche…aquellos besos…Ella.
by: Óscar Mendoza